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Que alguien venga y te la clave. Pedro P. González

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Solicitamos a nuestro alumno Pedro P. González unas primeras líneas, un comienzo de infarto. La idea era comenzar por todo lo alto, cuando los hechos ya se han desatado y apenas hay posibilidad de vuelta al orden. Juzguen por sí mismos… Uno diría que cogió la idea al vuelo…

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Ese momento en el que esperas a que alguien venga por detrás y te la clave, es mágico. La adrenalina, sentirte vivo, y no como un animal encerrado entre cuatro paredes, es un regalo. Me quedo mirando el desagüe y los azulejos blancos del suelo. Aguanto la tensión en una sentadilla eterna, mirando por debajo de mis pelotas. Es algo impagable. No es la primera vez que algún cabronazo intenta apuñalarme en las duchas con un cepillo de dientes o con un peine. Ya sabes, uno de esos pinchos que se hacen con dedicación, con cualquier cosa con punta que saques del economato. Lo escondes bajo el colchón y esperas a que ningún guardia lo trinque en la redada diaria. Ya habían intentado pincharme muchas veces. Algunas sin éxito y muchas otras con varios puntos de sutura como resultado. En ocasiones, me gusta forzar la maquinaria y tirar yo mismo la pastilla de jabón al suelo empapado. Esta tarde lo ha intentado Friends. Le llaman así y no Fɹɛnds porque es un tipo español, con un acento terrible, adicto a las series de los noventa y a que le paguen su hierba. También me gusta tensar la cuerda por esa vía. Acumulo deudas y espero a que la bomba estalle. Soy único forzando el conflicto.

Uno se piensa que un cura no puede tener una Harley, emborracharse hasta perder el conocimiento o pelearse en las duchas de la cárcel. Uno piensa eso hasta que sucede. El puto Friends aparece de entre las sombras. Se lanza blandiendo un bolígrafo vacío. Le ha atado con gomas de oficina unas cuchillas de afeitar. Antes de darme cuenta, ya he recibido un tajo en la barriga. Joey. Antes de girarme y entender qué pasa, siento otra. Bajo la axila, certera, bien dirigida y fina. Casi quirúrgica. Hecha con el cuidado que solo alguien con TOC podría realizar. Mónica. Me pongo en guardia y ya solo puede lanzar otro corte, uno poco profundo y aburrido. Ross. Le agarro la mano con fuerza y acerco su cuerpo al mío en un húmedo baile. Nuestros penes chocan ridículamente. Las duchas se convierten en casa de apuestas siempre que hay gresca. Dinero, favores, bienes y servicios correrán de mano en mano cuando uno de los dos caiga. En el forcejeo, recibo algunos cortes absurdos en la mano, superficiales y menores, como si me hubieran arañado cien gatos. Phoebe. Algunos en las duchas se lamentan. Otros alzan el puño en señal de victoria cuando le quito el pincho a Friends. Le devuelvo una puñalada inesperada. Rápida y sucia, como ese chiste ácido que te deja con el morro torcido. Chandler. Aprieto tanto la mano contra su vientre que casi siento sus tripas calientes en mi puño. Un silencio de morgue, como en el último capítulo, cuando cierran la puerta morada y aparecen los créditos. Friends cae al suelo. Se agarra el vientre y aprieta los dientes. Yo me llevo la mano a la barriga y empiezo a limpiar las heridas con indiferencia. La puñalada de Rachel la dejamos pendiente. A ninguno de los dos nos gustaba tanto como para matar por ella.

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